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IA generativa y privacidad: cómo aprovecharla sin poner en riesgo la información de tu empresa

- Amaia Chaparro, Directora Área de Consultoría de Derten Ciberseguridad
GOBERNANZA IA

La inteligencia artificial generativa se ha colado en las empresas mucho más rápido de lo que esperábamos. En pocos meses ha pasado de ser una curiosidad a convertirse en una herramienta habitual para redactar documentos, resumir reuniones, generar código o preparar presentaciones.

El problema es que la adopción de estos nuevos sistemas ha ido por delante de las normas. Mientras los empleados descubren nuevas formas de ahorrar tiempo, muchas organizaciones todavía no han definido cómo utilizar estas herramientas de forma segura.

Y ahí comienzan los riesgos.

No porque la IA sea insegura por naturaleza, sino porque basta una mala práctica para comprometer información confidencial, incumplir la normativa o tomar decisiones apoyadas en resultados poco fiables.

Pero antes de entrar en ellos, merece la pena detenerse un momento en qué entendemos por IA generativa y por qué plantea retos distintos a los de otros sistemas de inteligencia artificial.

¿Qué entendemos por IA generativa?

Cuando hablamos de IA generativa nos referimos a herramientas capaces de crear contenido nuevo a partir de instrucciones en lenguaje natural. Un texto, una imagen, una presentación, una línea de código o el resumen de un informe son solo algunos ejemplos.

A diferencia de otros sistemas de inteligencia artificial, que se limitan a analizar, clasificar o predecir a partir de datos existentes, la IA generativa crea contenido nuevo utilizando el contexto que recibe. Y ahí reside uno de los principales retos desde el punto de vista de la privacidad: cuanto más útil y específica es la información que le proporcionamos, mayor puede ser el riesgo si incluye datos personales o información confidencial de la empresa.

Tres riesgos que vemos con frecuencia en las empresas

1.- Compartir información sin ser conscientes

Es probablemente el error más habitual.

Un empleado necesita resumir un contrato, mejorar un informe o revisar una propuesta comercial. Copia el contenido en una herramienta de IA pública y obtiene el resultado en segundos.

El problema es que, dependiendo del servicio utilizado, esa información puede dejar de estar completamente bajo el control de la organización.

La solución no consiste en prohibir la IA, sino en establecer unas reglas claras:

  • Utilizar únicamente herramientas autorizadas por la empresa.
  • Asegurarse de que los datos no se reutilizan para entrenar modelos.
  • Definir qué información nunca debe salir del entorno corporativo.

Con unas pautas sencillas se evita la mayoría de estos riesgos.

2.- Confiar demasiado en las respuestas de la IA

La IA escribe con mucha seguridad. Incluso cuando se equivoca.

Puede inventar referencias, ofrecer datos incorrectos o reproducir sesgos presentes en la información con la que fue entrenada. Si nadie revisa el resultado, el error puede acabar llegando a un cliente, a un informe interno o incluso influir en una decisión importante.

Imaginemos un proceso de selección en el que una IA ayuda a filtrar candidaturas o una herramienta que clasifica automáticamente solicitudes de clientes. Si esas decisiones prod ucen efectos sobre las personas, el RGPD exige que exista una supervisión humana real.

La IA puede ayudar a decidir. Lo que no debería hacer es decidir sola.

3.- Cumplir la normativa cuando la IA entra en juego

La normativa europea no pretende frenar el uso de la inteligencia artificial, sino garantizar que se utilice de forma responsable.

El RGPD sigue siendo plenamente aplicable cuando se tratan datos personales, mientras que el AI Act incorpora nuevas obligaciones para determinados sistemas de inteligencia artificial, especialmente aquellos considerados de mayor riesgo.

Esto implica, entre otras cuestiones, documentar el funcionamiento de los sistemas, mantener la trazabilidad de los datos y poder demostrar que existen controles adecuados durante todo el proceso.

En otras palabras, utilizar IA ya no es solo una cuestión tecnológica; también es una cuestión de gobernanza.

La ventaja competitiva no está solo en usar IA, sino en hacerlo bien

La inteligencia artificial generativa ha llegado para quedarse y ofrece un enorme potencial para mejorar la productividad. Sin embargo, las organizaciones que obtendrán mejores resultados no serán necesariamente las que más herramientas incorporen, sino las que sepan utilizarlas con criterio.

Formar a los equipos, definir políticas de uso, evaluar los riesgos antes de implantar nuevas soluciones e integrar la IA dentro del sistema de gestión de seguridad de la información son pasos que marcan la diferencia.

Porque, al final, la cuestión no es elegir entre innovación o cumplimiento. Las empresas que avanzarán con más confianza serán aquellas capaces de combinar ambos.

En Derten Ciberseguridad ayudamos a las organizaciones a implantar modelos de gobernanza para la IA, realizar evaluaciones de impacto y adaptar el uso de estas tecnologías al RGPD, al AI Act y a otros marcos como el ENS o la ISO 27001. El objetivo es sencillo: aprovechar todo el potencial de la inteligencia artificial sin comprometer la privacidad, la seguridad ni la confianza de clientes y colaboradores.

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